Hasta que la muerte nos separe

“¿Te das cuenta de que sólo sobrevivo para hacerte sufrir?”

Esta frase la dice un personaje en el libro de relatos de Carlos Fuentes. Es una frase que lejos de ser ficción es exactamente la realidad que viven muchas mujeres en el mundo, aquí no hay clases sociales, ni razas, ni edades. Últimamente y con más virulencia que nunca se pretende demonizar a la mujer, culparlas de falsear denuncias de agresiones físicas o psicológicas contra sus parejas o ex parejas para aprovecharse de ellos. La realidad es algo muy distinto, ( sólo un 5% de las denuncias resultan ser falsas) el número de las mujeres asesinadas engrosan cada año la estadística de la vergüenza , no tienen un perfil concreto, ni una raza, ni una nacionalidad, pueden ser adolescentes, mujeres maduras, intelectuales o analfabeta, mujeres que han denunciado a sus futuros asesinos, mujeres que se han resignado.

Nos preguntamos , ¿por qué no es posible acabar con la violencia contra la mujer?.

Algunas voces dicen que será la igualdad con el género masculino la que consiga acabar con ésta lacra, pero sinceramente no lo creo. La igualdad es una trampa; operación paradójica, esto no es alcanzable para la gran mayoría de las mujeres, esta liberación acaba por esclavizarlas, se convierten en esclavas del trabajo, de la crianza a solas de sus hijos en la mayoría de los casos… ¡Igualdad en qué!.

Reivindicando la objetividad, la mujer es victima de la ilusión viril, una mujer no puede ser igual que un hombre por muchos motivos, uno de los principales, mejor dicho, el principal, es su sexualidad, se busca imponer otras “normas sociales y morales” que darían a la mujer más libertad . Pero esto es filosofía, está más encadenada, más perjudicada, una mujer puede reivindicar la libertad sexual , pedir al otro género que controle sus instintos, que amen a los vástagos, fruto de sus anteriores relaciones, como propios, que no sientan rechazo hacia sus anteriores parejas, y un largo etcétera de emociones que son intrínsecas al animal emocional que es el ser humano. Y entre tanto siguen muriendo, por mil razones, los celos, el desamor, la frustración de sus parejas o ex parejas, todas esas emociones que se quieren “controlar”. La igualdad no parará las puñaladas, los insulto, las vejación, más bien esa igualdad pondrá en las mismas condiciones al hombre y a la mujer convirtiéndose en un ardid, aquí pierden ellas, un claro ejemplo son los casos de violaciones que últimamente nos escandalizan, ” no era una violación, era una orgía donde ella disfrutaba también”. Lo cierto es que la sociedad está cambiando, pero a peor, se han dejado atrás valores morales, un concepto abstracto que a estas alturas suena a chino. Otra cosa son los derechos, estos deben ser iguales para ambos géneros, simplemente por su condición de humanos, sin embargo estos derecho se diluyen en moralidades sociales; hay morales que están destinadas a justificar los hecho con relación a quienes los profieren ; hay morales destinadas a justificar ante los ojos del prójimo al autor del delito, otras a tranquilizarle y a reconciliarle consigo mismo y con la sociedad, otras le sirven para crucificarse y humillarse; otras para ejercitar su venganza, otras para ocultarlo… Estas morales forman la sociedad en la que vivimos.

El problema es que en muchos lugares del mundo las mujeres siguen siendo asesinadas por el hombre que antes compartió su cama, con el cual engendró hijos y delante estos las matan, acunada por los insultos de su asesino.

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